Vino

Loading...

miércoles, 5 de agosto de 2015

De una Belleza Extraordinaria



Sobre el Sindrome de Stendhal y la hermosa discreción de la elegancia.

Aquella tarde fría, nuestro viajadísimo y buen amigo Manuel había prometido llevarnos a comer a un lugar realmente especial, de “Venecia Profunda” habían sido sus palabras. Sabiendo que el carácter ibérico de Manuel no le traicionaría y que en asuntos gastronómicos no se andaba con rodeos, mi hermano y yo esperamos pacientemente la hora de comer.

Habíamos quedado en vernos en una esquina de la Piazza San Marco, donde en aquellos momentos se llevaban a cabo los preparativos para el ya próximo Carnevale, lo cual animaba a ciudad con extravagancias de mascaras y características vestimentas carnavalescas. Ya cansados después de una intensa mañana de Accademia, Palazzo Ducale y Basílica de San Marcos, y de la búsqueda de un tapiz por parte de Pablo y de una navaja 'Marinera di Venezia' por mi parte, ambos sonreímos cuando nuestro amigo nos hizo señas para que nos acercáramos a uno de los pasajes de aquella plaza. Así, en procesión, comenzamos a andar en lenta travesía a las entrañas de Venecia. De a poco empezamos a perder el bullicio turistero y su trajín de tiendas de lujo para adentrarnos en la verdadera ciudad, en si misma evocadora de misterio y de por demás románticas ilusiones; no era posible dejar de escuchar las historias susurradas por las antiguas paredes de aquellas estrechas callejuelas y a cada paso parecíamos ser transportados a otro lugar, en otro tiempo; mi mente viajando irremediablemente hacia el Andrea Delfin de Paul Heyse, todo misterio y tragedia en la Venecia de 1762, y a aquellas aventuras del bastante culto e inteligente incomprendido Giacomo Casanova con su bellisimas monjas C-- C-- y M-- M-- y otras tantas aventuras más en La Serenissima del siglo XVIII. Tras unos buenos minutos de andanzas históricas, llegamos a un pequeño restaurante con todo el encanto de la familia italiana, la 'Trattoria Chinellato', en el antiguo 22 de no recuerdo que calle, en donde numerosos lugareños disfrutaban de los placeres de la mesa.

Dentro, el ambiente era más cálido y todos, nosotros y varios compañeros de viaje casuales que se nos habían unido durante el día, nos acomodamos al fondo de la pequeña estancia, una de las dos que conformaban el lugar. Sobra decir que fuimos recibidos muy amablemente por la dueña del lugar, amiga de Manuel, y por su hija, ambas italianas de las que se puede leer en libros de antiguas tradiciones, de formas plenas y amigables, y sí, gritonas y animosas. La comida, excelsa, constituida por un antipasti de risotto di calamari, lenguado empanizado, gelatto –todo de inspiración marinera, como aconseja la tradición- y ya con un muy italiano limoncello helado en las manos, había transcurrido plácida y de compañía amigable.

Sin embargo, la conversación de sobremesa había girado hacia el tema de la belleza, tal vez a causa del la sobredosis artística que se sufre comúnmente en Italia, o tal vez a causa del marinamiento causado por aquel spumante Asti Fiorentino bebido durante nuestra obligada 'gondolatta con musicanti' de esa mañana y/o del bianco Bordolino Classico que había acompañado la comida. De esta manera, la conversación había transcurrido de Florencia al Musei Vaticani, y desde la Toscana al Museo Peggy Guggenheim, pasando por el Síndrome de Stendhal – ritmo cardíaco acelerado, confusión y vértigo y hasta alucinaciones cuando se es expuesto a una dosis excesiva de belleza, arte, pinturas y otras obras maestras - y bueno, que al fin al cabo hablar de belleza en Italia es algo muy natural, y hombres todos como éramos en aquella mesa, se comenzó a hablar de mujeres.

Más tarde y ya en francas disertaciones nacionalistas, es decir, todos queriendo reclamar el galardón y ante un panel internacional constituido por un español, un italiano, dos chilenos, dos brasileños, dos mexicanos y la siempre presente dueña veneciana – y de su hija-, la pregunta saltó a mi, caliente como una bella vasija de barro acabada de salir del horno:

¿Y de donde crees tú que son las mujeres más hermosas de este planeta? -


La pregunta me sorprendió por un instante porque justo en ese momento estaba pensando en comprar un libro de Historia de la Belleza de Umberto Eco que no hacia mucho había visto en una librería, además de que me pareció que todos habían callado en el lugar para escuchar mi respuesta.
- ¿De este planeta solamente?- bromee. – Mmmh…- ganaba tiempo. Se precisaba de ingenio y de diplomacia para evitar -el inevitable- faux-pas
- Tal vez mis preferencias- contestaba - en cuanto a chicas se refiere, pertenecen más al ámbito literario que al geográfico. Claro que en México, como en todos lados, existen mujeres bellísimas, donde las haya. – lancé.
- Eso es interesante- comentó Manuel -¿Literarias en el sentido de evocación imaginaria? Porque si es así, querido amigo, ¡esas mujeres no existen!- Todos reímos.
- Lo sé, lo sé... Literaria en el sentido de lo que una mujer puede llegar a causar en la mente masculina, o en su caso, en lo que puede llegar a disparar en su imaginario, hay que recordar que Beauty is in the eye of the beholder, además de que en el mundo paralelo de la literatura abundan mucho más las descripciones de personalidad que descripciones físicas, que como todos sabemos, hace falta ver. -
-Entonces, ¿que mujeres literarias te atraen? ¿La Bovary quizás? ¿La Karenina? ¿La Clawdia Chaucat de Thomas Mann?- Sonrió, por la intención que dejaba entrever al mencionar a esos singulares personajes femeninos, imaginé, con todos sus atributos, taras y máculas, pero hijas de la pluma de señores.
-Bueno- contesté- Son tantas... Aunque me vienen a la mente algunas descripciones femeninas de Agatha Christie que estuve tentado a enmarcar, por evocadoras. – También sonreí, por que ahora lanzaba que las mujeres de Christie eran hijas de una mujer, menos famosas, claro está, pero igual de singulares.
- ¿Cómo cuales? – alguien preguntó. Tuve que hacer un esfuerzo para recordar exactamente de quién hablaba, pero al final pude articular:

(En aquel momento efectivamente mencioné las siguientes citas, querido lector, aunque no recuerdo con que precisión; aquí transcribo las originales, ya que escribir mi propio blog me otorga esta licencia de recursos, y de espacio...)

- Recuerdo quizás a aquella Adela Fortescue la cual, Christie escribía, “era todo un ejemplar de la especie; una soberbia figura, Adela era atractiva por dentro y por fuera, con un encanto que decía simplemente a cada hombre: “Aquí estoy. Soy una mujer”. Respiraba femineidad por todos sus poros…” O también aquella Valerie Sinclair, cuya “palabra, su gesto constituían un poema. De ella se desprendía un aura romántica. Vestía una prenda muy casera, una bata de franela encarnada que le llegaba a los pies, pero el encanto de su personalidad dábale un sabor exótico y semejaba una vestidura oriental de encendido color…”- el silencio se generalizó, aunque todos asentían con la cabeza. Como no hubo comentarios, continué:
- O ese pasaje sobre Virginie, que hace la misma autora: “Como en un sueño, Eduardo le abrió la portezuela del auto y ella se sentó a su lado. Sus cabellos rozaron su mejilla y un aroma delicioso, como el de las violetas después de la lluvia, embriagó sus sentidos. Una mujer que embriagaba por su belleza… ¡Entonces era cierto que existían!”. - Es decir, no se trata de lo bello de su rostro, o de las formas de su cuerpo. Más bien algo, una belleza interior que cautiva sin darnos cuenta; que nos causa una respuesta puramente emocional. Como decir que la belleza habla el lenguaje del alma. Un poco como aquel síndrome de Stendhal que comentábamos- Acoté.

La mesa permaneció callada por un instante más, hasta que alguien comentó:
- Llama la atención, el que la belleza está en aquel que la observa, pero a la vez te habla en otro plano, a un nivel distinto que el puramente físico.-
- ¡Por supuesto! – dije, mientras daba otro sorbo a un grappa exquisito, servido un instante atrás.
- Pero quizás mencionas mujeres muy sofisticadas, al estilo de Agatha Christie y su nobleza británica.-
- Tal vez, pero no en el sentido de lo que se entiende hoy como sofisticado, que generalmente se piensa que tiene relación con el dinero. Es más una sofisticación de otro orden; son las maneras, la femineidad, la inteligencia, el conocimiento, el lenguaje con el que se expresa. Es el estar frente a una mujer centrada y culta. Es el tipo de belleza que un alma emite desde el interior y que la belleza externa no alcanza a contener. Y lo mismo sucede con la fealdad; una mujer fea por dentro es horrible aunque sea muy bella. No es una máscara, la mujer realmente hermosa no desea pasar por fuerte, por que ya lo es, ella lo sabe y no es necesario ser dura a cada instante; lo suyo es fortaleza, es seguridad.  Si buscara una palabra para describir al tipo de belleza a la que me refiero, tal vez diría que me gustan las mujeres que son elegantes, más que sofisticadas.  La sofisticación es apenas un barniz, una consecuencia natural de los múltiples estratos de un espíritu elevado.  Esa elegancia de espíritu es hermosa y discreta, pero se expresa con fuerza, a la manera de la elegancia del sfumato de los maestros del Cinquecento. Es algo que no está a la vista, pero que de manera inconsciente sabes que 'es'.-

Mis palabras quedaron suspendidas en el aire, y los que asistíamos a la mesa nos mirábamos pensativos. Se escuchaba por ratos únicamente el ruido de platos y el murmullo de las conversaciones de otras mesas. Continué.

- Recuerdo mucho algo que leí cuando muy joven, absolutamente intemporal y que marcó en cierto sentido mi gusto por las mujeres, y la razón por la que ahora pienso esto. Lo escribió Rene Sully Prudhomme, primer premio Nobel, quien en 1868 decía: (licencia de blog de por medio, recuerde, querido lector..) “Es una mujer elegante. No me refiero únicamente a esa elegancia de segundo orden que, en la mujer, no es más que el instinto del atavío que le sienta bien. ¿Qué mujer no posee en cierto grado el afán y el don de componerse según su tipo? Me refiero a una elegancia más elevada, la que sabe acoplar las maneras a la finura y a la elevación de la inteligencia y de la cultura más que a la elegancia del vestido y del cuerpo; esto último le es dado por añadidura. La naturalidad es señal de superioridad, lo mismo que la suficiencia presuntuosa es marca de mediocridad. Ahora bien, para que esta naturalidad se haga agradable, tiene que ser simpática, sencilla. La elegancia es fácil, pues no es otra cosa que el gesto de un espíritu escogido. No puede aprenderse, es espontánea y, sin embargo, se da cuenta de si misma, en lo cual se asemeja al buen gusto. El rebuscamiento aun puede ser elegante, pero la elegancia termina donde empieza la afectación. ¡Que bien se aprecian en la mujer esos matices, sutiles en apariencia! En la mujer a quien me refiero, me parece encontrar la elegancia pura, que es la mitad de su belleza. Su atavío está cargado de intenciones y desprovisto de pretensión; sabe perfectamente que lo importante no está en distinguirse por algún detalle de su porte, sino en ser distinguida, y que, sin dejar de ser ella, es preciso no parecerse a ninguna otra; porque todo se encuentra dentro de nosotros, y por consiguiente, todo debe armonizar en nuestro aspecto exterior. La elegancia en las cosas pequeñas reside sencillamente en la gracia; y, en las grandes, en la dignidad; en unas y otras debe ser ingenio. Esta cualidad ejerce sobre mí una seducción extraordinaria. ¡Como me gustaría hacer un verso que se pareciese a ella!”. 

Guardé silencio, sopesando las palabras de Prudhomme y su efecto en los comensales, y en mi propia sensibilidad. Hablé.
- En ningún momento menciona la hermosura física de la mujer en cuestión, solo que "su elegancia es la mitad de su belleza", solo su gracia, su gesto, su ser, y en ese sentido, a mi me gustan las mujeres elegantes, a la manera de Sully Prudhomme, en 1868.

- ¿Entonces? - Dijo el italiano - Tu mujer elegante, como dices, es un ideal absolutamente romántico y diría que inalcanzable.
- No lo creo así -, dije. - Mujeres así las hay en todas partes.
- ¿Crees que no es difícil hallar una mujer así hoy día?- preguntó a todos uno de los chilenos, despertando comentarios generales.
- Mira, mi opinión es esta. A las mujeres así no hay que buscarlas, ellas gravitan hacía ti, siempre y cuando tú estés a la altura. Más bien, que tu espíritu lo esté; que el tuyo sea un espíritu de carácter y ambiciones renacentistas, un espíritu distinguido que arrope el suyo y en el que ella encuentre una fortaleza segura donde habitar y recorrer siempre nuevos pasillos y habitaciones.  ¡Y en esa fortaleza se sentirá su presencia! Las almas solo pueden hablar con otras almas que hablen su idioma, en un mismo plano. Si no, están enjauladas, oprimidas. Y huyen.

La mesa, una vez más, permaneció en silencio. Parecía que lo dicho eran palabras definitivas y definían el tema, y lo agotaban. Mi hermano, con el inteligente timing que le caracteriza, salvó el impasse proponiendo un brindis: - ¡Por las mujeres elegantes, a la manera de Prudhomme! – Todos alzaron su copa y repitieron: - ¡Por las mujeres elegantes! – Nos despedimos un poco reflexivos. Sin duda el tema de la belleza no era cosa sencilla, y el de reconocerla y verla a los ojos y retenerla a tu lado, menos. Pero para nosotros, mi hermano y yo, otras bellas cosas nos esperaban en Roma, al otro día.


Más tarde, ya en el vaporetto de regreso a Mestre, donde nos hospedábamos, observé con inmenso placer la puesta del sol al caer tras la silueta del la iglesia de Santa María della Salute, en contraste con las verdes aguas de la laguna Veneta, una visión en verdad de una belleza extraordinaria…


Por Paco Hernández-Castañeda


Obra 1: CHILONE, VincenzoThe Return of the Horses of San Marco 1815 Private collection
Obra 2: CANALETTO Piazza San Marco c. 1730 Metropolitan Museum of Art, New York
Obra 3: CANALETTO Arrival of the French Ambassador in Venice c. 1740s The Hermitage, St. Petersburg
Obra 4: HAYEZ, Francesco The Kiss 1859 Pinacoteca di Brera, Milan
Obra 5: VIGÉE LEBRUN, Élisabeth Self Portrait in a Straw Hatafter c.1782 National Gallery, London
Obra 6: CANALETTO Entrance to the Grand Canal: from the West End of the Molo c.1735-40
National Gallery of Art, Washington

Para saber más:
http://es.wikipedia.org/wiki/Síndrome_de_Stendhal
http://es.wikipedia.org/wiki/Venecia
http://es.wikipedia.org/wiki/Carnaval_de_Venecia
http://es.wikipedia.org/wiki/Canaletto

Trattoria Chinellato
Indirizzo: Castello, 4227
Città, provincia e CAP: Venezia (VE) - 30100
Telefono: 041 5236025
The above images are faithful photographic reproductions of original two-dimensional works of art. The works of art themselves are in the public domain for the following reasons:
The images (or other media files) are in the public domain because their copyrights have expired. This applies to the United States, Canada, the European Union and those countries with a copyright term of life of the author plus 70 years. Moreover, all included images comply with the rule of the shorter term in countries that have copyright terms longer than 70 years.

viernes, 5 de junio de 2015

Las Cepas (IX): Malbec, de Cahors a Cafayate

Desde el célebre "vino negro" de Cahors hasta los vinos aromáticos y frescos de la cordillera de Los Andes, los vinos de Malbec han alcanzado su apogeo en nuestro siglo.

Pasto para una novela de intrigas medievales, se cuenta que la Malbec nació del cruzamiento entre una antigua cepa de Galliac, la Prunelard, y la entonces muy difundida Magdeleine Noir de Charentes, con un novelizado Monsieur Malbeck quien desde la lejana Hungría viajase a Francia, con una pequeña viña al ristre, la primera de su tipo, huyendo de malvados caballeros malandrines que deseaban robarla mientras otros caballeros amigos esperaban su llegada en una taberna de Sainte-Eulalie d'Amberes y a ese retoño la cual aseguraría el el destino de algún reino de Cahors, terruño que desde tiempos romanos era ya apreciado.

Quizá los descendientes de aquellos caballeros medievales más tarde llevarían su preciosa carga hasta el fin de mundo, al nuevo, para plantar los primeros Côt al pie de las nevadas montañas de Los Andes, donde hoy día florece en vinos de singular e interesante hechura...

Esta variedad de fruto pequeño, oscuro y jugoso da excelentes vinos rosados y tintos puros un tanto sencillos pero de buena calidad en casi todas las zonas de las franjas del vino, particularmente en Francia; Loira, Provenza, Languedoc y Cahors, donde, por ejemplo, muchos de los vinos de la AOC Cahors, región ya celebrada por Zares, Papas y Emperadores, se basan en la cepa Malbec para darles cuerpo de taninos nobles y colores profundos, en mezclas con Merlot y Tannat. 


Pero es en la Argentina donde al sol de nuestros días la Malbec ha alcanzado su expresión más amplia, dando vinos frescos de aromas intensos a perfume de frutos rojos, pigmentados y de taninos redondos que cuando se beben pronto agradan mucho a los paladares jóvenes, y que cuando se ha esperado con paciencia unos cuatro o cinco años, sorprenden por su complejidad, demostrando que esta ultima generación de Malbec del fin del mundo ha ganado en potencial de guarda con taninos sólidos y ciertamente más plenos. No por casualidad estos caldos maridan a la perfección con cortes de carne, asados y charcutería.

Llevada por emigrantes franceses a la Argentina, la Malbec de aquellas tierras se beneficia de suelos de cantos rodados, descompuestos de rocas y minerales de la cordillera andina, principalmente en la zona de piedemonte. Así, la Malbec se ha convertido en cierta forma en la variedad nacional de este país del cono sur y decir Malbec Argentino es casi en todos los casos sinónimo de calidad, destacando entre otros los vinos profundos y aromáticos de Cafayate, como un digno ejemplo.

Monsieur Malbeck hubiera estado orgulloso del destino de aquella pequeña viña medieval, temblorosa y húmeda, mientras escondido en la espesura de algún bosque del sur de la antigua Galia esperaba el paso de los caballeros enemigos, sus perseguidores, el acero de su espada reluciente al brillo de la luna, cuya luz se filtraba entre las altas copas de los arboles de los robles Girondeses...




Para saber más:
http://www.winesofargentina.org/es/argentina/variedades/malbec-torrontes/malbec
http://www.jancisrobinson.com/learn/grape-varieties/red/malbec
http://www.winesofargentina.org/es/malbecworldday
http://www.lolamorawine.com.ar/vinos-lola-mora/para-expertos/caracteristicas-del-malbec.html

Fuentes:
STRANG Carola et al. "Larousse des Vins",  Paris, Ed. Larousse, MMVII.
DOMINÉ  André, "El Vino", Barcelona, Ed. KÖNEMANN, 2005

viernes, 10 de abril de 2015

El Sombrero Panamá

Sombreros Fedora  de Paja Toquilla,  Panamá Montecristi 
El clásico sombrero Panamá, elegancia veraniega... 

No se engañe, estimado lector, un sombrero Panamá es "el no va más" de la elegancia veraniega, y quien quiera pasar por bien vestido durante esos duros meses de calor no debe dejar de usar el clásico sombrero Panamá hecho a mano en el poblado de Montecristi, Ecuador (su verdadero lugar de origen), y tejido con paja toquilla. (¿Cual es la alternativa? ¿Una gorra de baseball?)

Claro que se requiere de una dosis de buen gusto y una pizca de seguridad en uno mismo. Pero nada  más edificante para todo Gentleman que se precie de serlo que ir por ahí sabiendo que lo que usa es Lo Correcto. Escoja usted el modelo 'Fedora', que es la copa más elegante (al estilo de los caballeros de los años treinta), y de ala ancha. Existen otros formatos de corona, el 'Habana', el 'Plantation' y el 'Copa Óptima', pero ninguno de estos se ve tan naturalmente adecuado para toda ocasión que el de copa 'Fedora'. Adicionalmente, en los países y lugares donde siempre hay calor, portar un sombrero Panamá puede hacerse durante todo el año. Su elegancia siempre será bien vista, además de ser verdaderamente útiles.

Sombreros Fedora  de Paja Toquilla, Panamá Montecristi 





La historia del sombrero Panamá es por demás interesante y existen varias versiones sobre sus orígenes. Grandes personalidades de la historia han usado sombreros Panamá, pero entre los primeros en adoptarlo podemos mencionar a personalidades como  Theodore Roosevelt, Napoleón III y Eduardo VII, entre otros importantes.
Mis sombreros más recientes los he adquirido en la tienda on-line http://www.panamahatshop.com/es/ la cual ofrece buena calidad y buen servicio (modelos que puede usted observar en las fotos que acompañan este artículo). Los sombreros pueden enviarse a cualquier parte del mundo.

Dos consejos: no vaya a usted a cometer el error de comprar un sombrero hecho de tela (competencia china que amenaza la producción ecuatoriana), ni a comprar un sombrero de ala corta, de esos que se pusieron de moda últimamente entre los más jóvenes, llamado 'de músico' (parecerá usted efectivamente un músico mal pagado y de mal gusto, que me perdonen los modistos a la última). El aútentico sombrero Panamá esta hecho en Ecuador, de preferencia en el poblado de Montecristi, y tejido a mano (ya sea el que adquiera usted en Londres o en Nueva York). Por otro lado la calidad del tejido anuncia su precio, ya que entre más cerrado el tejido más laborioso es su fabricación, por ende su precio será mayor. Un sombrero de buena calidad debe al menos tener unos 400 tejidos por pulgada cuadrada, llegando hasta los 1200 tejidos por pulgada cuadrada. No deje de permitirse el mejor sombrero que pueda adquirir. Y no olvide que, como dice Berndhard Roetzel en su libro "El Caballero", "el sombrero Panamá no es para cualquiera"....

Anthony Hopkins en "Hannibal"
Anthony Hopkins en "Hannibal"

Anthony Hopkins en "Hannibal"















Por Paco Hernández Castañeda
Julio de 2012
http://en.wikipedia.org/wiki/Panama_hat
http://www.panamahatshop.com/es/index.htm
http://www.ecuadorianhands.com/-i-30.html
http://www.panamahatshop.com/es/history.htm

lunes, 30 de marzo de 2015

El Naufragio de la Medusa


El suceso de la Méduse y la muerte del Abate Pierre se convertían en un melancólico recordatorio de que la belleza de París no siempre es alegre.

Aquella fría mañana de enero, todo París se agitaba ante la triste noticia del fallecimiento del Abate Pierre a los 94 años; el queridísimo abbé Pierre, gran hombre francés fundador de los Traperos de Emaús, defensor de los sin techo y creador de la insurrección de la bondad, quien se había convertido en el bastión de la sensatez y de la calidad humana ante la modernidad.

Esa misma mañana helada, sentado frente a una estatua de Maillol en los jardines de la Tullerías, no sé porque exactamente recordé aquella frase de Goya “El sueño de la razón engendra monstruos”. Ciertamente l´abbe Pierre había combatido aquellos monstruos materializados en forma de Gestapo activamente como héroe de la resistencia francesa, pero extrañamente mi mente saltó hacia el abatimiento general de los franceses esa mañana. A la vista del viajero se revelaba la capacidad de París de ser un todo colectivo y pensante, su capacidad de conmocionarse como sociedad. La historia e imágenes del abate Pierre se encontraban en todos lados; periódicos, revistas, diarios, radio, TV; cafés y restaurantes. Todos parecían tener una opinión sobre él, figura al fin siempre polémica y creadora. Inclusive algunas calles estaban bloqueadas para permitir el paso de las caravanas oficiales que se dirigían aquella tarde a su entierro; vallas en la plaza du Parvis Notre Dame así lo constataban; pero todo mundo perecía aceptar aquellas molestias de tránsito.

Pero mis pensamientos saltaron hacía otra conmoción parisina, de otra época, que se me acababa de revelar esa misma mañana en el Louvre. Un escándalo político que sacudía a la nueva monarquía en 1816, plasmada en el imponente lienzo de Thédore Gerícault (Rouen 1791- París 1824), obra mayor de la pintura francesa del siglo XIX, Le Radeau de la Méduse (La Balsa de la Medusa), de 1819. En sí misma, la historia que inspiraba este cuadro es bastante triste y su motivo trágico, una catástrofe de aquella época.

En aquel tiempo, aún fresco en la memoria colectiva el regreso de Napoleón I a París y su posterior derrota en Waterloo y su exilio en Santa Elena, y el comienzo de la inestabilidad política del nuevo rey, Luis XVIII (1815 – 1824), la fragata de la marina real Méduse que parte de Rochefort a colonizar Senegal naufraga ante las costas al oeste de África el 2 de julio de 1816. Su capitán, un oficial del antiguo régimen que no navegaba desde hacía más de veinte años y que se embarcaba en aquella misión para evitar una asignación más trabajosa, utiliza los botes de salvamento para él, sus oficiales y varios especuladores que les acompañaban. Esta acción condenaba a 149 soldados a embarcarse a una balsa mal hecha a pasar varios días hacinados unos contra otros sin agua ni comida. Al ser rescatados por el Argus, 12 días después, solo 15 de ellos permanecían vivos. A medida que los horripilantes detalles eran publicados por la prensa, la indignación social y el escándalo político amenazaban con derrumbar los débiles cimientos de la nueva monarquía; la cólera se acrecentaba ante la aparente falta de honor y la abominación del canibalismo.

El tema interesa a Gerícault por sus facetas humanas y políticas y decide que aquella tragedia debía plasmarse con igualmente trágico realismo. Así, estudia el evento con precisión documental; pasa más de un año realizando diversos esbozos previos de cuerpos humanos en tensión de hombres ejecutados y enfermos en agonía, generalmente vistos en sus visitas a la morgue y a hospitales; trabaja con maquetas y figurillas, se entrevista con los sobrevivientes e inclusive dos de ellos, que habían publicado la historia del naufragio en 1817, posan para el cuadro. Llega a construir una replica de la balsa de tamaño real en su estudio. El resultado sobrecoge aún 188 años después, tal como lo hizo en el Salón de 1819.


La composición se divide en dos triángulos, el de la izquierda marca la desgracia de la tragedia; una luz amarillenta y mortecina ilumina desde la derecha; no es una luz de esperanza. El triangulo de la derecha comienza con el cuerpo exánime de un muchacho sin vida sostenido por su padre y culmina con la figura de un hombre negro (simbolo de la figura que adornara el mascarón de la fragata hundida), agitando un trapo rojo -restos de los uniformes de la marina real- ante un pequeñísimo barco que apenas se adivina en el horizonte sugiriendo que se salvan casi, pero a un terrible precio. La balsa navega en un mar agitado, sin embargo los cuerpos grises de los hombres muertos y de los enfermos son la fuerza del cuadro y no la esperanza de salvación. Cada rostro de Gerícault es una angustiosa representación del sufrimiento y muda aceptación de su funesto destino pintado con los colores de la muerte. Todo el conjunto se encuentra marcado por el característico sentido de movimiento perfeccionado por Gerícault. El tema es importante porque no se trata, al momento de su creación, de una pintura histórica, sino de un hecho de actualidad; no se enaltece ya a ningún héroe, más bien glorifica la miseria humana y a la postre se constituiría como el primer manifiesto del romanticismo.

El imponente cuadro de casi 5 x 7 metros impacta por su desolado realismo y sin embargo es una obra en contradicción. Es un cuadro bello en su forma y de técnica superior, pero terrible en su fondo; una obra de su tiempo por el tema político, la crítica al ultra-monarquismo, el manifiesto liberal, y al mismo momento, una obra moderna e inclusive, de actualidad. Jules Michelet, el celebre escritor e historiador, fundador de la historia científica francesa, escribía: “C´est notre société tout entière qui embarqua sur le radeau de la Méduse...” Cabe mencionar que el estado, en plena crisis, nunca compró el cuadro en vida del artista.

Ya más tarde y caminando por la –inexplicablemente- solitaria ribera del Sena, el suceso de la Méduse y la muerte del Abate Pierre se relacionaban de alguna forma. Y para mí se convertían en un melancólico recordatorio de que la belleza de París no siempre es alegre.
Paco Hernández-Castañeda
Abril de 2007















Henri Grouès, l'abbé Pierre
(
Lyón, 5 de agosto de 1912 - París, 22 de enero de 2007)
Dibujo: Van Den Bosch-T
Fotos: Museo del Louvre / © R.M.N./D. Arnaudet

Para saber más:
www.louvre.fr
http://www.wga.hu Busqueda:
The Raft of the Medusa

Declaro hacer uso de material visual de buena fé, sin intención de lucro y solamente en el interés de divulgación cultural.

jueves, 5 de marzo de 2015

Huevos Revueltos á la James Bond

Una Alfa Romeo, Martinis, Salmón, Champagne Rosé y UM546... "Los huevos revueltos nunca te defraudan" - Ian Fleming

Otra vida, la segunda, la imaginante, me llevaba a través de las calles de París aquella tarde. La suelas de mis zapatos, de cuero, me devolvían un sonido excesivamente fuerte como para poder lograr mi objetivo de pasar desapercibido; tal vez iba demasiado elegante para emprender una huida táctica (¿pero en que estaba pensado esa mañana?). La orilla del Sena se encontraba inusualmente callada, como si todo conspirará para que aquella amenaza de la cual no había sabido nada más que un código -UM546-y unos cuantos datos terribles lograra darme alcance. ¿Como había sabido de mi llegada? Solo podía pensar en un inside job, un soplón... Sin embargo me detuve a pensar en UM546; enviaban artillería pesada. Aquel código era temible, y su amenaza muy real. Aunque para mi solo representara un obstáculo externo.

Unos días atrás había considerado que mi misión era demasiado simple. Como agente del CESS (Cuerpo Especial de Servicios Secretos), una muy discreta organización instituida por Don Benito Juárez el 20 de enero de 1861 como brazo especial del Estado Mayor del Presidente de la República y paradójicamente un año antes de la Intervención Francesa (1862-1867), mi entrenamiento me calificaba en exceso para solo transportar un par de viejos libros hasta la antigua Lutecia (nada en especial para que un CESS, ex GAFE de Alto Mando con TB los transportara, a mi parecer). Los dos libros en sí no parecían revestir la menor importancia. Eran dos tomos con el título de Histoire de la Conquête du Mexique, escrita en francés por William H. Prescott, miembro del Institut de France y editado en París por Firmin Didot Fréres, Fils et Cie. en 1863. Dichos libros debían ser entregados en una dirección de la Rue Godot de Mauroy, cerca de la Opera. Al menos podría viajar sin efectivo mínimo, es decir, sin acompañante.

Había salido de Madrid dos días antes en mi hermosa Alfa Romeo 4C (un bello testamento al renacimiento de esta marca mítica, reina del mundo automotriz y de ilustrísimo pasado), y tras haber recogido los libros sin mayor drama en el ropero del Museo Reina Sofía y después de ver la exposición de obras de Juan Soriano más grande que había visitado. Así, me dispuse a tomar unas pequeñas vacaciones de dos días por España y Francia. De hecho planee mi ruta con total libertad; hice una parada para dormir en Burdeos, parando también en Blois, para disfrutar de buenos caldos y pagar una visita al histórico Castillo del mismo nombre y a unas baguettes deliciosas tras la muralla de mismo.

Ya en camino, el manejo del coche se me antojó una delicia y saboreé la carretera como nunca antes, sobre todo navegando en el dorado atardecer en la campiña francesa siguiendo la ruta de los castillos del Loira, árboles y carretera teñidos de oro; conduje sin ninguna prisa, el sol reflejándose en la pintura negra del largo cofre y filtrándose por el techo de cristal, el tacto suave de la piel color tabaco y la solidez de la fibra de carbono expuesta dentro del habitáculo, la fria precisión de las paletas de cambio de velocidades tras el volante y el intoxicante sonido de esos 240CV enronquecidos con un escape Agkapovič; una increible sinfonía mecánica que competía con el jazz de los altavoces (Aldo Romano, Louis Sclavis, Henri Texier, Enrico Rava, Gato Barbieri...) y los panes dulces y el café Malongo comprados en un café a la orilla de la carretera. Todo contribuía a a una sensación de lujo inigualable...

Llegué de noche a París, y con todo el tiempo del mundo, me fui a caminar por la ciudad helada, dejando el coche en un parking bajo el Louvre, aún con mi FN Herstal S-P90 IR reglamentaria en el fondo doble del maletero, llevando conmigo solo mi Heckler & Koch P7M13S con Karl Nills hechas a medida, bajo mi abrigo. Más tarde, y después de un buen caldo bordelés degustado en un agradable restaurante con vista a la Notre Dame iluminada de noche, regresé en democrático autobús a Port de Bercy - los libros siempre junto a mi en una bandolera - y a mi poco lujoso hotel, a disfrutar del "glamour" verdadero de la vida de un agente secreto auténtico. Los libros debían ser entregados al anocher del día siguiente.

Por la mañana desperté temprano y decidí vestirme ad hoc para una misión en París (todo a medida, es decir, Kingsman pero con un toque continental - mais bien sûr-): traje gris a tres botones de Cifonelli, camisa blanca a cuadros azules de tela Sea Island de Charvet de puño francés, gemelos con baño de oro hechos de los botones del traje de gala militar de mi padre, corbata de seda azul oscuro de E. Marinella, pañuelo de bolsillo blanco doblado simétricamente de la misma casa, zapatos tipo Adelaide de George Cleverly & Co. color marrón y el reloj de pulsera Omega Seamaster vintage de los 50's de oro y acero de mi abuelo. Terminé el look con un sobretodo Crombie Coat gris carbón de Turnbull & Asser, unos guantes color café de cuero curtido y una bufanda gris oscuro de Drake's, y como siempre he tenido una debilidad por los sombreros, rematé con un sombrero fedora (snap brim) también gris oscuro con banda marrón de Lock & Co., al fin que la mañana fría me daba esa licencia. Guardé mi P7M13S en la sobaquera incorporada en mi traje y coloqué los libros en un portafolio vintage de Goyard junto a mi purera de madera de Hermés (conteniendo un puro Romeo y Julieta No. 2, cerillos y cortapuros, para una fumada al atardecer tal vez en el Pont des Arts), y me dispuse a salir a la calle.

Tomé un taxi el cual me llevó a Saint Germain; desayuné un croque monsieur con café en el Café de Flore y me dirigí caminando hasta Les Invalides, al Musée de l'Armée para visitar una exposición de armaduras medievales y después al Louvre. Tras unas cuatro horas de visita por los aposentos del Empereur Napoleón III y de caminata en sus interminables galerías, un poco cansado salí con ganas de comer algo en PAUL, en los jardines de las Tullerias... Fue al cruzar la calle que divide estos de la pirámide del Louvre que noté su presencia. Al principio fue un atisbo, una sensación. Voltee descuidadamente y no noté nada inusual, lo que despertó en mí verdadera alerta. Desvié entonces mi camino con paso rápido y me dirigí al río, cruzando el Pont Royal y bajando las escaleras junto a la rivera para ir en dirección a Pont des Arts.

UM546 vino a mi mente. Las baldosas, la pared del malecón y mis zapatos eran demasiado ruidosos. En ese momento vi mi oportunidad y me encaramé de un brinco a un Batobus que justo zarpaba del Quai Malaquais con la correspondiente protesta del único ser viviente a mi alrededor, el cobrador. El barco estaba vacío. Pagué y me senté sin prisas. Nada ni nadie en las orillas parecía extraño o fuera de lugar.

Decidí bajarme en el Port de Solférino. No sentía amenaza alguna ya. Subí nuevamente unas escalinatas y me dirigí a las calles de Saint Germain. Caminé sin embargo bastante alerta, aunque no percibí, ni observé nada inusual. Tenía hambre y gustosamente recordé que cerca de ahí mi viejo amigo Muss tenía un cafetucho muy snob en el cual servían mi plato preferido de agente secreto (Octroyez-vous un privilege!). Recordé que una noche decidí darle, para que incorporara en su menú, la receta que el mismísimo James Bond recomendara a Felix Leiter en Nueva York, de la pluma de Ian Fleming en 1963:

*Scrambled Eggs 'James Bond'.
(para cuatro 'individualistas')

Ingredientes:
  1. 12 huevos rojos frescos.
  2. Sal y pimienta.
  3. 5-6 oz. de mantequilla fresca.
  4. Cebolletas finamente picadas (ó)
  5. Hierbas finas.
Instrucciones:
Romper los huevos en un tazón. Batir con un tenedor y sazonar al gusto. En una sartén de cobre pequeña fundir cuatro onzas de mantequilla. Una vez derretidas, agregar los huevos y cocerlos a fuego muy lento, batiéndolos continuamente con un batidor de huevos pequeño.

Cuando los huevos estén ligeramente más húmedos de lo que usted preferiría para comerlos, retire la sartén del fuego. Agregue el resto de la mantequilla y continúe batiendo por medio minuto, agregando mientras tanto las cebolletas o las hierbas finas. Sirva sobre un pan tostado a la mantequilla en platos de cobre individuales (solo para su presentación). Servir con champaña (Taittainger) Rosé y música suave...

P.D. Creo que en ocasiones es posible agregar crema en lugar de la ultima porción de mantequilla.

* Receta original de Ian Fleming, del escrito '007 en Nueva York', 1963. Traducción del Autor.

Llegué a Café de Muss, y tras saludarnos calurosamente, me sirvió el martini seco correspondiente y el salmón ahumado escocés previos a los huevos revueltos (como lo dictaba el maestro Fleming); la música de jazz en efecto era suave... Me quité el abrigo, el sombrero y los guantes y desabotoné mi saco, poniendo mi portafolio con los libros sobre mi regazo y lo demás en la silla contigua. En un segundo más llegaba la champaña rosa - un Taittinger Brut Prestige Rosé 2000 - y justo cuando me servían los huevos exquisitamente presentados, mi mirada reparó en unas muy altas zapatillas de piel de cocodrilo rojo oscuro y en unas bellas y largas piernas y breve cintura enfundadas en un traje Chanel azul claro a cuadros, frente a mí mesa. Subí la mirada solo para toparme con más dulzura en la forma de un busto pleno, maquillaje just so, unos ojos muy azules y un cabello largo, oscuro y lustroso. UM546... (¿Realmente tenía que escalar esto tanto?) Mi pensamiento inmediato fue arrojar mis huevos aún calientes al rostro de la exquisita mujer y usar la botella de Taittinger a manera de arma; pero por un lado se me antojaba un desperdicio tirar así mis huevos James Bond, y seguramente UM546 no estaba sola. ¿Cual eran las posibilidades? Y por otro, yo siempre he sido todo un caballero...

Me levanté entonces retirando ligeramente el lado izquierdo de mi saco, sintiendo el peso de mi P7M13S justo donde lo necesitaba, dejé el portafolio pegado a la base de la mesa y cortésmente retiré la silla frente a mi. Con un ademán y un s'il vous plaît invité a mi formidable rival a sentarse a mi mesa, lo cual hizo con un grácil y elegantísimo movimiento. Levanté mi mano derecha e indiqué con señas a Muss (ex GIGN) un un nuevo plato para mi visita ciertamente inesperada, seguro de que el platillo estaba a la altura. -¿Champagne?- pregunté.

Paco Hernández- Castañeda
Junio de 2010.
©

En savoir plus:

Taittinger Brut Prestige Rosé 2000
Capa: Rosado vivo.
Nariz: Frutos rojos; fresas, cerezas.
Boca: Sutil, aunque intenso.
Varietal, Pinot Noir.

* Scrambled Eggs 'James Bond':

Fleming, Ian, (1908-1964)
Quantum of Solace: the complete James Bond short stories / by Ian Fleming.

Boulangeries PAUL:

Armamento:

jueves, 4 de diciembre de 2014

Alfa Romeo's 'Hall of Legends'

What does Alfa Romeo stand for? What is this intangible, impalpable thing that atracts us so much to Alfa Romeos of all ages? Well, there is a way to actually see the stuff of dreams. Be sure to pay a visit to Alfa Romeo Hall of Legends to experience (albeit virtually) a veritable cathedral of motoring dreams... Enjoy!

The Entrance

The Beginning

The 20s

The 30s

The 50s

The 60s


Del Libro de Catas: Herederos del Marqués de Riscal Reserva 2004

Herederos del Marqués de Riscal Reserva 2004 / D.O.C. Rioja


lunes, 1 de diciembre de 2014

L.A. CETTO Petite Sirah: 100% Recomendable


Un vino muy accesible y consistente a través de los años, este caldo es una excelente manera de acercarse al mundo de los vinos por que nos da una idea de como debe verse, olerse y gustarse un vino de muy buena factura y excelente relación calidad-precio. 

Vino digno de mención, este multipremiado Petite Sirah de la Línea Clásica de L.A. Cetto ha sido a lo largo de los años un verdadero caballo de batalla para esta casa afincada en el Valle de Guadalupe, Baja California, al noroeste de México. Es cierto, tienen mejores vinos, más complejos, más redondeados; sin embargo el caldo que nos ocupa ha venido cosechando una variedad de premios y reconocimientos a lo largo de los años que lo hacen muy interesante y 100% recomendable.

Se trata de un caldo no muy complejo pero de carácter muy definido que logra aunar una muy buena calidad con un precio de verdad inmejorable: entre MXP $85.00 y $95.00 pesos (unos USD $7.00 o $8.00 dolares), en cualquier supermercado o tienda especializada. 

Este es uno de los vinos que siempre recomiendo cuando alguien me pregunta cómo empezar a acercarse a los vinos, o cuando me encuentro con gente que no sabe que escoger en algún supermercado. Es accesible en precio pero también al paladar joven y aún agrada al paladar más experimentado. Marida muy bien con carnes, pastas y quesos de diversa fortaleza, y sobre todo, con comida mexicana; es decir, es muy flexible y se adapta bien a diversos puentes quizás por que su temperatura de servicio no debe subir de 17º C, con un 16º C como ideal, por lo que es fresco a la vez que solido tinto de muy buena calidad, lo que demuestra su a la fecha impresionante palmarés (http://www.lacetto.mx/Images/downloads/Premios_LAC10.pdf), con su L.A. Cetto Petite Sirah 2008 alcanzando Medalla de Plata en el CINVE Sevilla 2010 y en el Tasters Guild 2010 y Medalla de Oro en el Berliner Wien Trophy 2011 y ni más ni menos que  en el itinerante Concurso Mundial de Bruselas (http://www.concoursmondial.com/es) considerado por muchos como el más importante concurso de vinos del mundo, Medalla de Oro en el  2010 para el mismo 2008, Medalla de Plata para el L.A. Cetto Petite Sirah 2009 en la edición 2011 y muy recientemente Medalla de Oro para el L.A. Cetto Petite Sirah 2010, Medalla de Oro en Bruselas 2014 y  Medalla de Plata en el Taster's Guild 2104 para el Petite Sirah 2012, entre otros muchos premios.

L.A. CETTO Petite Sirah 2007/2008/2009
Intentaré dar nota de cata un poco general, tratando de incluir datos de varias añadas que he degustado (http://invinumveritas.blogspot.mx/2012/05/del-libro-de-catas-la-cetto-petite.html) principalmente desde 2006 cada año, aunque ocasionalmente antes de esas fechas, en el entendido de que a pesar de su consistencia como vino varietal y elaboración, es imposible que cada año un vino sea igual al del año precedente, aunque en líneas generales sean sus características consistentes, una de sus fortalezas, a saber:

L.A. Cetto Petite Sirah

Cepa: Petite Sirah (Durif)

Vista: Rojo - púrpura, profundo, con tonos que van de lilas a violetas francas. Cristalino. Disco limpio. 

Nariz: Principalmente afrutado; frutos rojos del bosque. Arándanos. Guayaba. Ligero musgo o trufa, en ocasiones jamaica seca. Ciertos dejos florales. Ciertos dejos de roble.

Boca: Ligero paso de boca, taninos suaves, acidez equilibrada, fresca. Final mediano.

Notas: Importante observar la temperatura de servicio (16º C); de lo contrario y si se atempera demasiado, puede presentar un carácter licoroso y acidez o retrogusto amargo que han dado pie a ciertas notas de cata negativas. 


Como mencione hace algún tiempo en otro articulo (http://invinumveritas.blogspot.mx/2007/05/una-torre-y-un-vino-de-concurso.html), este caldo es una excelente manera de acercarse al mundo de los vinos por que nos da una idea de como debe verse, olerse y gustarse un vino de muy buena factura y excelente relación calidad-precio. Un vino Mexicano por excelencia de calidad superior.




Á votre santé!

Por Paco Hernández-Castañeda
Agosto de 2014
©
Para saber más:
http://www.lacetto.com/
http://www.lacetto.mx/Images/downloads/Premios_LAC10.pdf
http://es.wikipedia.org/wiki/Valle_de_Guadalupe_(Baja_California)
http://www.berliner-wein-trophy.de/Default.aspx?lang=es
http://www.concoursmondial.com/es
http://www.tastersguild.com/
http://www.cinve.es/
http://www.lacetto.mx/uploads/download/fichas/linea-clasica/petite-sirah.pdf
http://www.lacetto.mx/vinos/linea-clasica/petite-sirah

Foto del Autor y del sitio de la casa productora.

domingo, 12 de octubre de 2014

Un Nuevo Libro de Catas: Jean Grolier de Servierès o el "Príncipe de los Bibliófilos"

"Grolier Midi" de Hartley & Marks
Beber vinos y degustarlos es un placer que escapa a toda explicación. Pero recordarlo debe ser también un ejercicio placentero...

Como ya he escrito antes querido lector, en mi articulo "El Libro de Catas", la búsqueda de una bitácora para anotar nuestros avatares de enófilo diletante  en este largo viaje que es nuestro amor por los nobles caldos supone también una dosis de paciencia y comodidad, por así decirlo, para encontrar aquel librito que sea de nuestro agrado para escribir lo que se nos venga en gana, que al fin y al cabo el placer del vino se halla también en hacer lo que uno quiera, pero que nos cause esa "fina conmoción intelectual" de la que hablaba Epicuro, en mi muy particular opinión.

Escribía yo antes: "¿Qué puede sustituir esas pequeñas vibraciones que producen pluma y papel al escribir con calma y mesura sobre una de las más lúdicas aficiones, la de disfrutar de los regalos de Baco a la humanidad? ¿Qué puede ser más placentero que escribir de puño y letra, además de lo visto, olido y degustado, sobre las circunstancias que rodearon aquel dichoso momento en el que se descubría uno u otro caldo? ¿Sobre la deliciosa compañía femenina? ¿Sobre la exquisita plática amistosa?..." 

Es por eso que una vez terminado el espacio de mi anterior libro de catas, me puse a la tarea de buscar un substituto adecuado para esas degustaciones que yo llamo "lúdicas" por placenteras (e inútiles).

El nuevo Libro de Catas / Corte superior, cóncavo y de pie estampados


Lo hallé en la forma que puede usted observar arriba, estimado y único lector. Se trata de un bello cuaderno tipo diario de nombre 'Glorier Midi' publicado por la editora canadiense Hartley & Marks Publishers a través de su linea de finos cuadernos Paperblanks, incluida en la colección Grolier Ornamentali de esta últimaEsta linea de elegantes diarios está directamente inspirada en el arte del encuadernado y en sus cubiertas se reproducen fielmente obras maestras de este arte casi perdido en esta era digital nuestra, y halladas en grandes bibliotecas y museos alrededor del mundo.

Lomo con costillas y entrenervios grabados Estilo Grolier

En el caso de mi nuevo libro de catas, he escogido uno en especial que reproduce con particular detalle uno de los últimos libros que el bibliofilo francés Jean Grolier - conocido como el "Príncipe de los Bibliófilos" mandó a hacer (y que muy probablemente ayudo a diseñar) en París entre 1520 y 1555, en un estilo que más tarde tomaría su nombre el cual es conocido hoy en día como el "Estilo Grolier" de encuadernado.

Encuadernaciones hechas por J. Picard para Jean Grolier entre 1540 y 1550

Jean Grolier de Servierès (1479-1565), Vizconde de Aguisy, Tesorero General de Francia, fue un refinado coleccionista de libros de gran belleza y uno de los más famosos bibliófilos de todos los tiempos. Se le conoce sobre todo por su mecenazgo a Aldus Manutius, fundador de la Editorial Aldine (y uno de los primeros editores de la historia), y naturalmente por su amor por los libros ricamente encuadernados y decorados.

Aldus Manutius con Jean Grolier, por F. Flameng
Se desconoce con exactitud el número de libros que formaba la biblioteca del Vizconde de Aguisy, pero se cree que comisionó la mayor parte de ellos entre 1520 y 1555 como ya he dicho. Al día de hoy se han identificado unos 500 libros de dicha colección, los cuales son de gran valor no solo por su rica manufactura sino también por haber formado parte de la biblioteca de Jean Grolier. Muchos de estos se encuentran en colecciones privadas, aunque también pueden hallarse en la Biblioteca Británica, y en la Biblioteca Nacional de París, la cual cuenta con el mayor número de piezas.

Jean Grolier brindó su nombre a un estilo de encuadernación decorado con patrones geométricos con fleurons en las esquinas combinados con arabescos en el panel central, o lo que hoy se conoce como "Estilo Grolier". Muchos de estos libros fueron elaborados en París por Geoffroy Tory, encuadernador y editor parisino y más tarde por J. Picard quien fue un encuadernador de gran talento quien firmara un contrato con la Editorial Aldine en junio de 1540, y el cual en el transcurso de tres años realizó un estimado de 215 encuadernaciones para Grolier.

Ejemplo temprano del "Estilo Grolier"


No puede uno dejar de maravillarse ante la exquisitez de las manufacturas comisionadas por Grolier, y aunque mi modesto libro de catas es solo una reproducción, el espíritu de aquel bibliófilo inspira aún a escribir cosas bellas y graves y sencillas y lúdicas, a más de 450 años de distancia...

Muy pronto, mi fiel lector, pondré en tinta en este nuevo libro de catas las más recientes y placenteras degustaciones que he tenido el gusto de realizar para usted.

Supralibris: "IO. Grolieri et Amicorum" (Propiedad de Grolier y sus amigos)
Un saludo cordial.